Es sabido que uno de los temas que polariza a las iglesias cristianas en la actualidad, es la adoración en el contexto del culto. La adoración no es un tema nuevo. No obstante, ha sido este tema el motivo de la rebelión de Satanás.[1] Y constituye el tema en el tiempo del fin. No sorprende entonces que  el mensaje del primer ángel, en el libro de Apocalipsis invite  a adorar al Creador (Ap. 14:7), esto a nivel escatológico. 

  

LA ADORACIÓN EN EL CONTEXTO DEL CULTO EVANGÉLICO 

Las iglesias del tipo pentecostal y las carismáticas, las milagrosas con extraños objetos “sagrados” a cambio de una suma de dinero y “fe” son la clara evidencia de que han perdido su punto de partida en la Biblia, la Palabra de Dios. Es interesante notar que los predicadores evangélicos más famosos son los extravagantes que se han hecho aclamados por sus sermones de motivación o de superación personal, de prosperidad y de milagros por doquier, todo ello matizado con una “larga lista de chistes o comentarios jocosos”. Y es que a leguas se nota que se han dado cuenta que el mundo actual adolece de esos temas. “Se pagan grandes sueldos a ministros elocuentes para que entretengan y atraigan a la gente. Sus sermones no deben aludir a los pecados populares, sino que deben ser suaves y agradables como para los oídos de un auditorio elegante. Así los pecadores del mundo son recibidos en la iglesia, y los pecados de moda se cubren con un manto de piedad.”[2] 

El culto que presentan en las iglesias es como un súper mercado, que debe ser abastecido por productos que la gente prefiera. Si un producto no tiene demanda, entonces simplemente se cambia por un producto que está de moda, que la gente prefiera. El detalle es que la clientela debe ir en aumento, debe encontrar todo lo que necesita en el súper mercado (la iglesia). Música, sermones, programas, temas, todo a su gusto. Todo este asunto, tiene que ver con el pragmatismo (si da resultados sirve, sino no es errado) como filosofía camuflada. No obstante, ese pensar puede asemejarse inclusive con el pensamiento maquiavélico, donde no importa los medios con tal de llegar al fin deseado. Triste pero nada más lejano a la realidad. 

La mensajera del Señor menciona: “Hablando de la actitud actual de los profesos cristianos para con el mundo, un notable periódico profano dice: “Insensiblemente la iglesia ha seguido el espíritu del siglo, y ha adaptado sus formas de culto a las necesidades de la actualidad.””[3] 

  

¿Y EN LA IGLESIA ADVENTISTA?  

En el ceno de la iglesia adventista, el asunto no es muy diferente.[4] A pesar de ser considerados como una iglesia bíblica, es de realistas reconocer que día a día, la adoración en el contexto del culto, es más que preocupante. Esto es claro pues aunque se habla mucho de adoración, no existe una teología de la adoración definida. 

Es importante mencionar que cuando se habla de un culto, no necesariamente se debe referir únicamente al que se realiza en el templo, si no a todo lugar donde se invoque el nombre de Dios. Pues “Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt.18:20). Teniendo en cuenta este principio, la motivación del adorador será Dios, y no el hombre, pues la adoración que Dios demanda es teocéntrica y no antropocéntrica. Es decir, el culto tendrá como fin Dios, esto se puede alcanzar poniendo como base la Biblia. 

A continuación algunos ejemplos de adoración corrompida en el contexto del culto. 

  

CUANDO LA MÚSICA SE MUNDANALIZA 

         Cuando el pueblo de Israel cruzó el Mar Rojo, inmediatamente después el pueblo entonó cántico en honor a Dios (Ex. 16) En expreso, se evidencia que la música es parte de la adoración que le rinde un pueblo que ha sido redimido del la esclavitud del pecado. Pero la adoración musical debe ser con entendimiento y no solo por emoción. 

“Cuando la música se mundanaliza” El título pude sonar ofensivo, pues se utiliza el término “mundanaliza”, pero no necesitamos ir al mundo para tomar ejemplos, únicamente basta con compararlo con la música evangélica que hace un buen tiempo nos lleva la delantera en este aspecto. 

Así, ¿En qué se diferencia la música adventista de la evangélica? ¿Podríamos diferenciar un concierto adventista de un concierto evangélico? Cuando vemos a un cantante adventista ¿lo diferenciamos de un evangélico? 

El lugar, luces sicodélicas, decoraciones extravagantes, humo artificial, espejos cortadores que son iguales a los conciertos de rock.  

¿Qué decir de los cantantes y músicos? Vestimenta informal, peinados a la moda, poses artísticas, juego de voces innecesarios, gritos y gemidos que más parecen a los conciertos mundanos.  

¿Y la música y letra? “Baladas espirituales”, un poco de rock, country; letras repetitivas y sin sentido como “espérame…”, “Yo no necesito el plan…”, “Qué sería de mí”, letras que sin problemas podría dedicarlas a mi esposa o novia, y no necesariamente a Dios. 

El público en respuesta a la euforia loca, aplaude sin parar, gritan y vociferan como en los conciertos de música secular. 

Sin duda alguna, Satán que en el cielo era el director de los coros del cielo, es un experto en hacer de la adoración musical que le pertenece a Dios, una adoración corrompida. Pues es una adoración sin fundamento, sin base en Su Palabra. Triste, pero real. 

La mensajera del Señor aconseja respecto a la música y alabanzas en los cultos: 

  

El poder de la música 

“La música puede ser un gran poder para el bien; y sin embargo no sacamos el mayor provecho de este ramo del culto.  Se canta generalmente por impulso o para hacer frente a casos especiales.  En otras ocasiones, a los que cantan se les deja cometer errores y equivocaciones, y la música pierde el efecto que debe tener sobre la mente de los presentes.  La música debe tener belleza, majestad y poder.  Elévense las voces en 459 cantos de alabanza y devoción.  Si es posible, recurramos a la música instrumental, y ascienda a Dios la gloriosa armonía como ofrenda aceptable.”[5] 

  

Cantar con el espíritu y el entendimiento 

“En sus esfuerzos para alcanzar a la gente, los mensajeros del Señor no han de seguir los métodos del mundo.  En las reuniones que se celebran, no tienen que depender de cantores mundanos y fausto teatral para despertar el interés. ¿Cómo se puede esperar que aquellos que no tienen interés en la Palabra de Dios, que nunca la han leído con el sincero deseo de comprender sus verdades, canten con el espíritu y el entendimiento? ¿Cómo pueden estar sus corazones en armonía con las palabras de un himno sagrado? ¿Cómo puede el coro celestial unirse a una música que es únicamente una forma? 

Ningún término es demasiado enérgico para describir lo malo del culto formal, pero no hay palabras que puedan presentar debidamente la profunda bendición del culto verdadero.  Cuando los seres humanos cantan con el espíritu y el entendimiento, los músicos celestiales siguen los acordes, y se unen al canto de acción de gracias.  El que otorgó a todos los dones que los habilitan para ser colaboradores con Dios, espera que sus siervos cultiven sus voces, para poder hablar y cantar de tal manera que todos puedan comprender.  No es un canto fuerte lo que se necesita, sino una entonación clara, una pronunciación correcta y una articulación distinta.  Tomen todos tiempo para cultivar la voz, para poder cantar las alabanzas de Dios en tonos claros y suaves, no en tonos duros y chillones que ofendan el oído.  La capacidad de cantar es un don de Dios; sea, pues, usado para gloria suya. 

En las reuniones que se celebren, elíjanse a unos cuantos para que tomen parte en el servicio de canto.  Y sea el canto acompañado de instrumentos musicales  hábilmente manejados.  No debemos oponernos al empleo de instrumentos de música en nuestra obra.  Esta parte del servicio ha de ser dirigida con cuidado; porque el canto ha de alabar a Dios.  El canto no ha de ser entonado siempre por unos pocos.  Tan a menudo como se pueda, participe en él la congregación.”[6] 

Pero no haya confusión, por favor, el Manual de la IASD, declara justamente las pautas de la verdadera adoración musical. Sin embargo, es problema de las iglesias que dejan que este asunto sea pisoteado.[7] 

  

  

CUANDO LOS SERMONES SE MUNDANALIZAN 

         Debemos predicar en primer lugar a Cristo. “Muchos de nuestros predicadores se han contentado con hacer meramente sermones, presentando temas de una manera argumentativa, haciendo escasa mención del poder salvador del Redentor”.[8] 

         El consejo anterior es sin duda de gran importancia cuando se va a presentar la Palabra de Dios. Es Cristo el foco de todas las Escrituras. No obstante lo que antes era extraño para algunas iglesias adventistas con respecto a sus predicadores hoy es tan común. Ver, por ejemplo a predicadores adventistas “chistosos”, “jocosos”, puede parecer un “estilo de presentar la Palabra de Dios”, sin embargo la Palabra de Dios no debiera ser rebajada a ese nivel. 

         Un sermón en donde se cuentan solo historias y experiencias de la vida cotidiana con chispitas de bromas y anécdotas que lo único que causan es risa y después del sermón, los comentarios son variados. 

         Algunos adventistas se han acostumbrados a sermones así, y cuando ven a un predicador que utiliza la Biblia y el Espíritu de Profecía les parece aburrido. Alguna vez alguien me dijo: “Para mí un buen sermón, es aquél que me haga reír o llorar”. Qué triste, es decir, que para que un sermón supuestamente sea bueno sebe apelar al sentimentalismo, a la alegría o al llanto. Un pastor decía: “sermones cebolleros”. La Palabra de Dios debe ser presentada con autoridad, los sermones deben ser expositivos o bíblicos. Aunque a la mayoría no les guste por estar acostumbrados a ver telenovelas, películas románticas, de acción, ciencia ficción y de comedia. Pero un momento señores, el púlpito no es un teatro, donde uno encontrará falseadas. La Biblia es un Libro de realidades. Hay cosas que desagradan, pero debemos aceptarlas y realmente queremos ser salvos. 

         No imagino a Pablo, Pedro y a los demás apóstoles predicando con sus risas y bromas en la sinagoga.  

Algunos consejos de Elena G. de White cómo debieran ser las predicaciones adventistas: 

  

Presentaciones positivas y con autoridad  

“Presentad el claro “así dice el Señor” con autoridad, y exaltad la sabiduría de Dios en la Palabra escrita. Inducid a la gente a decidirse; mantened la voz de la Biblia siempre ante ellos. Decidles que habláis lo que sabéis y que testificáis de aquello que es verdad, porque Dios lo ha dicho. Sean vuestras predicaciones cortas y al punto, y al mismo tiempo exigid una decisión. No presentéis la verdad de una manera formal, mas permitid que el corazón sea vitalizado por el Espíritu de Dios, y que vuestras palabras sean  habladas con tal certidumbre, que los que oyen sepan que la verdad es una realidad para vosotros (Carta 8, 1895).”[9] 

  

Las predicaciones largas no forman parte del evangelio 

“Son muchos los errores cometidos en las reuniones religiosas con largas oraciones y largas predicaciones, voz nerviosa, forzada, con notas y tonos antinaturales.  El ministro se agota y aflige a la gente con ejercicio duro y penoso, y totalmente innecesario.  Los ministros deben hablar de manera que alcancen. e impresionen a la gente.  Las enseñanzas de Cristo eran impresionantes y solemnes,  su voz era melodiosa. ¿No debiéramos nosotros  estudiar la manera de tener una voz melodiosa, como la que tenía Cristo? (2T 617).”[10] 

  

La verdadera inteligencia en la predicación 

“Un hombre puede hablar en forma fogosa y complacer el oído, pero no llevar a la mente una idea nueva, o una verdadera inteligencia. Las impresiones recibidas durante estas predicaciones, no duran más que el tiempo que se escuche la voz del predicador. Cuando se busca el: fruto de esa labor, se encuentra que es muy escaso (1T 447).”[11] 

Al igual que la adoración musical, la Iglesia Adventista del Séptimo Día en el Manual de Iglesia detalla como deben ser los cultos adventistas y sus predicaciones, no obstante, es la comunidad, la hermandad que hacen caso omiso a este detalle. 

  

¿DÓNDE RADICA EL PROBLEMA DE LA MUNDANALIZACIÓN DE LAS IGLESIAS? 

         Simple como parezca en mal entender cuál es la razón de la iglesia. Preferimos no utilizar el término “misión”, puesto a que ésta es asociada con la predicación del evangelio. En cambio, cuando nos referimos a la “razón” de la iglesia nos estamos adentrando al tema de la ADORACIÓN. Y es que se debe recordar que el GRAN CONFLICTO se desató justamente por la ADORACIÓN. Satán quería la adoración que le correspondía exclusivamente a Dios. No obstante, al no conseguirlo en el cielo, lo buscó en la tierra, entre la creación de Dios. 

         ¿Para qué creó Dios a la humanidad? Para que le adore. Entonces la humanidad fue creada por Dios para que ella le rinda adoración únicamente a Dios. Esa es la razón de la iglesia: ADORAR A DIOS. 

         Por otro lado, con la entrada del pecado, se puso en acción el plan de salvación, el pueblo de Dios tenía que predicar las buenas nuevas del evangelio, y así lo hizo y lo hace. Esto es la misión de la Iglesia: PREDICAR EL EVANGELIO. 

         Por tanto, ADORACIÓN: Razón, y EVANGELISMO: Misión. 

Ahora, si nosotros olvidamos esas premisas, al realizar un culto en el contexto de iglesia, cometeremos el horror del mundanalismo. Pues en el afán de alcanzar a otros para Cristo, predicaremos, cantaremos y haremos programas tipo secular con tal de que la gente se sienta cómoda. En cambio, cuando nuestro foco es la ADORACIÓN a Dios, entonces haré un culto, un campamento, un sermón teniendo como base, la adoración a Dios. 

  

CONCLUSIÓN 

         Cada vez que un culto se desvía de los principios divinos provistos en su Palabra, en afán de alcanzar a los perdidos a los pies de Jesús. Estamos mostrando directa o indirectamente que NOS AVERGONZAMOS DEL EVANEGELIO. Nos avergonzamos del evangelio no porque tengamos vergüenza predicar, sino porque NO predicamos o presentamos la VERDAD como Dios nos habla a través de Su Palabra y del Espíritu de Profecía. 

         No soy dogmático, ni cucufato, para nada, pero creo que es tiempo de diferenciar nuestros cultos, nuestros conciertos, campamentos, de los seculares, de los evangélicos.  

          

La Palabra de Dios menciona claramente: 

         “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo el que cree; primero al judío y también al griego” (Rom. 1:16). 

“Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo. Antes participa de los sufrimientos del evangelio por el poder de Dios… Por eso padezco, pero no me avergüenzo, porque sé a quien he creído, y estoy seguro de que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día” (2 Tim. 1:8,12). 

“El que se avergüence de mí y de mis Palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará también de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles” (Mr. 8:38). 

Recordemos que Dios quiere que le adoren como desea. Desea una adoración del tipo de Abel y no la de Caín que aunque buenos, no era el que Dios había pedido. Así, adoremos a Dios como quiere, no como se nos plazca.  


[1]Para un panorama más amplio ver  Norman Gulley, El caballo de Troya de Satanás (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2006), 11-36;  Elena G. de White, Patriarcas y profetas (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1987), 11-23; Asociación Ministerial de la Asociación General de la Iglesia del Séptimo Día, Creencias de los Adventistas del Séptimo Día (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2007), 81, 82,109-117. 

[2] Elena G. de White, El conflicto de los siglos (Buenos Aires: ACES, 2005), 437. 

[3] Ibid. 

[4]Cláudio Hirle, “¿Culto para Dios o para nosotros?”, Revista Adventista (septiembre 2009), 12. 

[5]Elena G. de White, Joyas de los Testimonios (Buenos Aires: ACES, 1987), 1:458, 459. 

[6]Elena G. de White, Obreros evangélicos (Buenos Aires: ACES, 1987), 370,371. 

[7]Asociación General de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, Manual de Iglesia (Buenos Aires: ACES, 2006), 108,109. 

[8]Ibid,156. 

[9]Elena G. de White, El evangelismo (Buenos Aires: ACES, 1987), 218. 

[10] Elena G. de White, La voz: Su educación y uso correcto (Buenos Aires: ACES, 1987), 280. 

[11] Ibid, 320. 

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