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¿Se puede descubrir lo que significa el sello de Dios en Apocalipsis 7? Es un desafío muy grande y requiere la máxima atención a las diversas porciones de las Escrituras que guardan relación con este tema.
 
El sellamiento
 
El sellamiento no es una figura totalmente nueva en las Escrituras. Su verdad recorre el texto bíblico, desde el inicio hasta el final. De hecho, se dice del mismo Abraham que éste fue sellado por la circuncisión (Ro 4:11).[1] Por lo tanto, es necesario recordar lo que la Escritura enseña sobre el sellamiento a lo largo de la historia de la salvación y de esa manera estar en condiciones de interpretar correctamente lo que Apocalipsis intenta describir.
Justamente, antes del éxodo se necesitó una distinción especial para el pueblo de Dios. Dentro de las especificaciones de la pascua se le pidió al pueblo de Israel que pintara el dintel de sus puertas con la sangre del Cordero (Éx 12:7). Esta señal sirvió para distinguir al israelita de quien no lo era. Todo primogénito de la casa que no tenía esta marca simplemente murió durante la noche de la décima plaga sobre Egipto. En este hecho, podemos observar que el sellamiento tiene el propósito de distinguir al pueblo de Dios justamente antes del castigo divino sobre los paganos.
Entre todas las imágenes relacionadas con el sellamiento en el Antiguo Testamento, ninguna es tan cercana al Apocalipsis, tanto en género como en contenido, como la visión que Ezequiel tiene acerca del escribano (Ez 9). Esta visión muestra que, justamente antes de la destrucción de Jerusalén, un varón vestido de lino quien llevaba en su cintura un tintero de escribano colocó una señal en la frente de los justos.[2] Esto se hace nuevamente, para diferenciar al justo del injusto, y para que los castigos no afecten igualmente a los dos.
Por otro lado, si estudiamos la palabra griega traducida por sello (sfragis)[3]descubriremos que todos sus usos en el Nuevo Testamento caen en la metonimia. Es decir, esta palabra alude a otra con un significado fuera del literal. De tal manera, que cuando el apóstol Pablo escribe “sello” lo hace para describir realidades espirituales como la certificación, marcación y verificación del verdadero cristianismo o incluso de su apostolado (1 Co 9:2; 2 Ti 2:19). Esto rememora la costumbre de sellar los documentos antiguos con símbolos de la autoridad del emisor. Esto se hacía para evitar suspicacias de todo tipo y, por lo cual, las marcas inconfundibles eran vitales ¡Incluso la tumba de Jesucristo fue sellada![4] A través del sello se asegura la veracidad y origen de un documento. Además, este sellamiento asegura la protección del objeto sellado, la inaccesibilidad a él y su pertenencia.[5] Este hecho es ilustrado ampliamente por los sellos encontrados en las excavaciones arqueológicas en Asiria[6] y en el propio Israel.[7]
Adicionalmente, el apóstol Pablo se refiere al sellamiento en términos sacerdotales cuando lo equipara con la unción del Espíritu Santo (2 Co 1:22; Ef 1:13; 4:30). De acuerdo con lo que él escribió, solamente el Espíritu Santo puede producir este sello en la vida del creyente. La cita de Pablo es simplemente una nueva presentación del ungimiento que era practicado en el sistema sacerdotal del Antiguo Testamento. Dentro de este sistema, ningún sacerdote podía ministrar sin recibir primeramente la unción (Lv 8:12; Éx 40:9-11). Ni siquiera el santuario podía funcionar como tal sin ella (Éx 40:13-15). De tal manera, el ungimiento llegó a ser la demarcación territorial de lo que le pertenece a Dios y está consagrado a él. A fin de cuentas, sólo Dios puede aprobar o desaprobar a quien quiere (Ro 9:16).
Sin embargo, existe un énfasis adicional dentro de las profecías apocalípticas. Pues este sellamiento ocurre poco antes de que sean desatados los vientos impetuosos del océano (Ap 7:1-4). En primer lugar, recordemos que este sello lo tiene un ángel que sube desde donde nace el sol. Para la mayoría de estudiosos, ésta es una referencia directa a Cristo.[8] En segundo lugar, quienes reciben este sello son los miembros del célebre grupo de los 144 000. Estos mismos aparecen nuevamente de pie sobre el monte Sión junto al Cordero (Ap 14:1). Es evidente que para entonces se encuentran victoriosos y gozosos de experimentar algo semejante a lo que Moisés experimentó cuando cruzó el mar rojo (Ap 14:3; 15:3). Obviamente, su experiencia es aún mayor.
Una característica esencial de este grupo es que en sus frentes estarán escritos los nombres del Cordero y de su Padre (Ap 14:1). Esto alude exactamente lo que ocurría con el sumo sacerdote cuando llevaba las palabras “santidad a Jehová” (heb. qodesh laYehwah), escritas en una placa de oro sobre su mitra. De esta manera, queda explicado aún más el sentido de este sello como un retrato de la impresión del carácter Divino en la vida del hombre.[9] En resumen, el sello es el trazado hecho por el Espíritu Santo en la vida del creyente y que consiste en la santidad del carácter.[10] Por otro lado, Apocalipsis coloca a los sellados en posición antagónica con los que han recibido la marca de la bestia (Ap 15:3). Estos últimos también recibieron una marca pero de confección enfáticamente humana (Ap 13:18).[11] Si comparamos ambas cosas, el sello del capítulo siete de Apocalipsis tendría además un carácter definidamente específico. El tal apuntaría a la santidad del carácter, pero reflejada de un modo muy particular en el guardar del cuarto mandamiento de la ley de Dios (Ez 20:20; Ex 20:8).[12]
Debido a que la señalización de los israelitas ocurrió justamente antes de que el ángel destructor pasara por Egipto (Ex 12:13) y esto mismo volvió a suceder en ocasión de la destrucción de Jerusalén (Ez 9:6), se puede esperar que el sellamiento descrito en Apocalipsis 7 ocurrirá antes de las plagas. Es necesario saber quién tiene el sello de Dios y quién tiene la marca de la Bestia justo antes de la primera plaga (Ap 16:2). Este sellamiento, una obra del Espíritu Santo, se está realizando a lo largo del mensaje de los tres ángeles.[13]
Este evangelio eterno predicado por los tres ángeles tiene un efecto creciente similar al de la semilla de mostaza (Mt 13:31-32). Esta semilla, aunque pequeña, empieza a crecer mucho de manera imperceptible. La misma realidad es graficada en Proverbios 4:18 cuando se afirma que “…la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto”. Pues bien, el sellamiento sobre los hijos de Israel, el remanente espiritual, se va acrecentando a tal punto que en los símbolos apocalípticos se materializa el cumplimiento de las profecías clásicas referentes a la restauración de Israel y de esa manera alcanzan su clímax en la disposición de un Israel espiritual plenamente restaurado con sus doce tribus completamente selladas.[14] El sellamiento se realiza mientras el mensaje de los tres ángeles es proclamado por todo el mundo, a cada tribu, lengua y nación. Cuando esto se termine, la restauración plena del Israel espiritual estará lista y solo faltará la caída de las plagas antes de entrar en la Canaán celestial para la posesión de las promesas recibidas.
Cabe preguntar entonces. ¿Existe algo que podamos hacer para recibir el sello de Dios? El mismo mensaje de los tres ángeles responde: “¡Temed a Dios y dadle gloria! ¡Adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra!” (Ap 14:7). El mensaje no podía ser más claro. La única manera de recibir ese sellamiento es hacer la parte que nos toca, la cual está explícita en este mensaje.
 
El fuerte pregón
 
El ángel que Juan ve no es totalmente diferente de los otros que ya vio (Ap 18:1). La palabra “allon”, traducida como “otro”, significa “algo que es del mismo tipo que lo anterior”.[15]
Es decir, el ángel de Apocalipsis 18 no es algo así como un cuarto ángel o un ser totalmente diferente con un mensaje controvertidamente distinto. En realidad, se trata del mismo mensaje del segundo ángel (14:8), pero amplificado.[16] Es muy importante distinguir esa semejanza para no construir la falsa teoría de un nuevo remanente dentro del remanente.
 
Comparación entre el mensaje del segundo ángel con el otro ángel de Apocalipsis 18:1
Mensaje del segundo ángel de Ap 14:8
Mensaje del ángel de Ap 18
¡Ha caído, ha caído Babilonia!
¡Ha caído, ha caído Babilonia!
¡Se ha hecho habitación de demonios!
¡Salid de ella, pueblo mío!
¡Sus pecados han llegado hasta el cielo!
¡En una hora vino tu juicio!
¡En ella se halló la sangre de los profetas y de los santos!
 
En la comparación de estos dos mensajes se puede percibir la amplificación de su contenido. Los elementos adicionales se encuentran en el contexto de juicio. Babilonia ha sido juzgada. Sus pecados han sido descubiertos y el cielo está emitiendo sentencia. El mensaje de Apocalipsis 14 es intensificado en el capítulo 18. Entonces, lo que tenemos aquí no es un cuarto ángel sino una explicación con más detalle del segundo.
Este aspecto es descrito por el hecho de que “la tierra fue alumbrada con su gloria”. Esta iluminación es inherente a la misma gloria (do,xa) que puede ser traducida como “esplendor” o “brillo”.[17] Es importante recordar que la iluminación de todo hombre fue siempre el propósito del plan de salvación. Tal como lo expresa el evangelio de Juan: “Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo” (Jn 1:9). Los propósitos misioneros de Cristo se logran justamente cuando este ángel ilumina el mundo entero con su luz. Esto no significa obviamente que todo el mundo responda a su llamado. De hecho, lo hombres suelen rehuir la luz verdadera porque aman más las tinieblas (Jn 3:19-20).
Es importante leer el capítulo 18 a la luz del capítulo 17.[18] ¿Por qué? Porque el proceso de la caída de Babilonia ocurre justamente en el tiempo de la sexta cabeza de la bestia escarlata (Ap 17:10)[19] y porque la destrucción de Babilonia (cap. 18) es la contraparte del triunfo del Cordero (cap. 17).[20] No es el propósito de este artículo discurrir la identificación de cada una de estas cabezas; sin embargo, es esencial recordar que esta sexta cabeza señala el tiempo cuando justamente no está en acción el poder pleno de la Bestia. El mismo apóstol lo afirma al escribir que “La bestia que has visto, era, y no es y está para subir del abismo” (Ap 17:8). El único contexto posible lo encontramos en el capítulo 13 cuando la bestia empieza a sanar de su herida mortal. Esto es lo que ocurrirá cuando la Bestia esté por generar una resurrección de su poder en su propia imagen. Es entonces cuando se cumplirá plenamente la iluminación del mundo por parte de este poderoso ángel (Ap 18:1). Dicho en términos más sencillos, cuando el papado esté a punto de recuperar su posesión de poder total a través de las iglesias protestantes apóstatas, entonces ocurrirá el fuerte pregón que inundará la tierra del conocimiento de Dios tal como las aguas cubren el mar (Hab 2:14).
 
Conclusión
 
El sellamiento es la impresión del carácter divino en el remanente que aún queda y que sólo el Espíritu Santo puede realizar. Este sellamiento se realiza a lo largo del mensaje de los tres ángeles, pero de una manera muchísimo más notoria al inicio del fuerte pregón, cuando los que reciban el sello de Dios tendrán pleno poder para terminar la predicación del evangelio.[21] El aspecto visible de esta inscripción es el guardar el sábado como cuarto mandamiento de la ley divina. La obediencia a esta ley diferencia automáticamente a los sellados por Dios de los esclavos de la Babilonia Mística. Queda al remanente fiel seguir divulgando su mensaje y obedecer para disfrutar de las bendiciones que implica estar sellado por el Espíritu Santo.
 
Por
Michael Orellana Méndez
UNIVERSIDAD PERUANA UNIÓN
 
Publicado en la Revista de Teología Estrategias 6, no. 2 (2009): 87-94.


[1]La palabra utilizada para sello es sfragi,j.
[2]Estos justos son descritos como israelitas que claman por todas las abominaciones que se cometían en Jerusalén (Ez 9:4). Esta visión no tiene referencias a un futuro escatológico. Sin embargo, su naturaleza es muy similar a la contenida en Apocalipsis 7. Para comentarios adicionales ver Francis D. Nichol, ed., Comentario bíblico adventista del séptimo día, trads. Ampuero Matta y Nancy Vhymeister (Miami: Publicaciones Interamericanas, 1990), 4:637.
[3]Timothy Friberg, Bárbara Friberg y Neva F. Miller, “σφραγίς”, Analytical Lexicon of the Greek New Testament, CD-ROM, Biblioteca Digital Libronix 3.0c (Grand Rapids: Baker Books, 2000). En adelante ALGNT.
[4]Nichol, 4:541.
[5]Eldon Woodcock, “The Seal of the Holy Spirit”, Bibliotheca Sacra 155 (1998): 140-7.
[6]Pauline Albenda, “Of Gods, Men and Monsters on Assyrian Seals”, Biblical Archaeologist 41, no 1-4 (1997): 15-20.
[7]El sello de esta ilustración contiene las palabras “Perteneciente a Shema… sirviente de Jeroboam”. Este Jeroboam es, probablemente, Jeroboam I quien gobernó justamente después de la división del reino del norte y el reino del sur. De ser así, la figura del león representaba tanto a Israel como a Judá. Associates for Biblical Research, “Our Cover”, Bible and Spade 1, no 1 (1972): 2.
[8]Hans K. La Rondelle, Las profecías del fin (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1999), 157.
[9]Siempre fue el propósito de la Deidad que el hombre llevase en sí mismo su propia imagen. Las palabras hebreas “imagen” (~l,c), y “figura”(tWmD>) de Génesis 1:26 hacen hincapié en esto.
[10]Carlos A. Steger, “O que significa `Viver sem intercessor”, en O Futuro: A visão adventista dos últimos acontecimentos, Alberto R. Timm, Amin A. Rodor y Vanderlei Dorneles, eds. (Sao Paulo: Casa Publicadora Brasileira, 2004), 208. En adelante OF.
[11]El mismo Apocalipsis aclara que el número es de hombre y que se repite tres veces. La repetición triple no es otra cosa sino una burlesca imitación del trisagio del libro de Isaías (Is 6:3). En concordancia con esto, el mismo apóstol Pablo identifica a la entidad emisora de este falso sello como “el hombre de pecado” (1 Ts 2:3-4).
[12]El mensaje de este remanente (Ap 14:7-9) tiene una relación directa con su sellamiento (Ap 15:2-3). Si el remanente reclama adoración verdadera (sábado) y luego logra ser vencedor sobre la marca de la bestia; esto indica que ambas cosas están antitéticamente conectadas.
[13]“Se denomina sellamiento a un proceso espiritual, invisible para los ojos humanos, que se halla en marcha y que finalizará bien pronto, al fin del tiempo de gracia” (énfasis añadido). Fernando Chaij, Preparación para la crisis final (California: Pacific Press, 1966), 45.
[14]Es imposible interpretar las doce tribus de Israel como literales siendo que once de ellas se perdieron después de la caída de Samaria el año 722 a.C. En los propios días de Ezequiel la restauración de las doce tribus de Israel solo podían tener un cumplimiento no estrictamente literal (Ez 48:2; 7:23-29).
[15]alloj denota otra cosa del mismo tipo. Esto contrasta grandemente con ἕτερος que conlleva la idea de algo totalmente diferente. T. Friberg, Friberg y Miller, “alloj”, ALGNT, 44.
[16]Gerhard Pfandl, “A Escatologia de Ellen G. White”, OF, 314.
[17]Friberg, Barbara y Miller, “do,xa”, ALGNT, 119.
[18]LaRondelle, 428.
[19]Antolín Diestre Gil, El sentido de la historia y la palabra profética (Barcelona: CLIE, 1995), 2: 535.
[20]Ekkerhardt Müeller, “Insight into the Christology of the Book of Revelation”, enCristología, Heber Pinheiro, et. al (Cochabamba, Bolivia: Universidad Adventista de Bolivia, 2009), 106.
[21]Norman Gulley, “O ´outor` segundo advento”, OF, 217.
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